20/3/17

El Torcal mágico de Antequera


Las entradas de esta bitácora se centran en lugares o países nuevos. Pero hay veces que una excursión de una mañana en soledad puede llenar la mochila de sensaciones casi como una expedición al lejano Oriente, y por ende, una entrada.

Los parajes del interior de Málaga, nuestra inexplorada Toscana, donde las maltrechas carreteras serpentean los amarillos valles, los cortijos posan orgullosos y el campo se tiñe de verde al paso del río y sus afluentes, son un oasis que se esconde más allá de las montañas y las playas.

Tras un par de horas desde Marbella, la cordillera rocosa del Torcal aparece majestuosa, partiendo los campos en dos. La niebla comenzaba a difuminar el camino ascendente, convirtiendo la experiencia en algo más místico y sensorial. Arriba, desde el centro de visitantes, la sencilla ruta circular me permitió adentrarme en el mágico mundo Kárstico, en una especie de ciudad encantada o país de las maravillas de estrechos caminos, rocas con formas imposibles, torres de piedras erosionadas de forma increíble, transformadas en columnas de discos perfectamente definidos, y frondosos cañones en miniatura.









La neblina no me permitía ver el horizonte pero si apreciar los detalles, focalizar mi atención en lo que estaba cerca, afinar la vista. Sin ella, todo habría sido diferente.

Ya al final del recorrido, y tras un corto desvío, para mi pausado deleite y como muestra de que la zona se encontraba sumergida en el periodo jurásico, el gran fósil hizo su aparición. Una caracola en espiral con la que conecté rápidamente y con la que compartí confidencias, un inolvidable rato a mi manera, en silencio, a más de mil metros de altura, observando a mi izquierda y derecha lo que un día fue mar y hoy es maravilloso, como la naturaleza en si misma.




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