20/3/17

Agrigento, mitología al sur de Sicilia (Parte I)


Como podéis leer en el título de la entrada, doy por hecho de que habrá más partes de Sicilia, una isla de enorme tamaño e infinita belleza que merece disfrutarse despacito.

Poco más de 24 horas de trabajo y placer, o más bien de placer compartiendo el trabajo, algo que ha llegado con Italia y que tanto echaba de menos.

Dos horas y media de viaje en el tiempo separaban Palermo de Agrigento, la que sería nuestra base griega, escarpada, imponente en lo alto de la montaña. De otro mundo sus atardeceres desde Viale della Vittoria, la cerveza local Epica y los canolos de chocolate, los apperol spritz del Cafè Girasole y las pequeñas plazas de la comercial Via Atenea, eje de nuestro viaje.

Rápidos como saltadores de vallas pero relajados como la melodía de un piano, visitábamos el Valle dei Templi, un conjunto de templos griegos de estilo dórico construidos entre los siglos VI y V a.c. y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1998, con su Templo de la Concordia como mayor exponente.




A escasos minutos de Agrigento, igual de veloz, pero dulce y refrescante como un Crodino, el momento en el que pisábamos de forma demasiado efímera la playa de la Scala dei Turchi, una formación rocosa de blanco impoluto a orillas del mar.



Con el tiempo como único obstáculo, sólo nos quedaba disfrutar de una ensalada de pulpo, unos fettuccine largos con gambas y pistacho y una birra Moretti en el Ristorante Pizzeria Vitina, a muy pocos kilómetros del aeropuerto de Palermo.


Con una sonrisa de oreja a oreja, me despido de ti, Sicilia, hasta pronto.



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