19/9/16

Marcado por El Hierro


Empiezo a sentir que cada vez que escribo lo hago con un bolígrafo flojo de tinta y lleno de aire comprimido, demasiado comprimido. Palabras que quizás ni yo entienda dentro de un tiempo, pero que ahora rechinan con fuerza. Frases que salen con dificultad, con ayuda de una bombona casi a estrenar. Este sentimiento parece disiparse en lugares paradisíacos y retirados donde, por momentos, me encuentro conmigo mismo.

Así ha sido mi nueva visita a Tenerife y la primera a El Hierro, mi preferida desde hoy, por autosuficiente, por conectada, por detallista, por sus cuidados miradores, sus impresionantes charcos y sus impolutos fondos marinos, por detallista, por sorprendente, por pequeña y diversa y por La Restinga.


Una isla más, una menos, una restante para licenciarme en ciencia canaria.

Íbamos a El Hierro con más tiempo del que supuestamente se necesitaba para verlo, aunque finalmente se me hiciera corto. En cuatro días recorrimos cada carretera de su orografía buscando sus rincones secretos y no tan secretos.

Para una escapada de tres días, recomendaría sin duda hacer base en La Restinga y dividir la isla en tres zonas bien diferenciadas, donde destacaré y engrandeceré lo que realmente permanecerá conmigo siempre.

En la primera, al sur de la isla, la pinocha caída del Mirador de Las Playas da paso a los cráteres solitarios próximos a la localidad de La Restinga. Sus pocas calles, sus aires marinos y su puertito huelen y saben a océano. Su rompeolas da la tranquilidad necesaria a las aguas de su playita y a las pequeñas cuevas adyacentes, que bufan en paz, y permite disfrutar de largas sesiones de snorkel en alta definición. 








El mar de calmas, una línea perfectamente definida en el gran azul, separa el bravo mar del bálsamo de Tacorón, una zona idílica de charcos para pasar un buen rato con unos camarones y un Nestea mango-piña.




En la segunda, en el centro, noreste y este de la isla, los Miradores de Jinama y de la Peña cogen protagonismo, ofreciendo inmejorables vistas de la gran hondonada que la configura, al igual que el de la Llanía, que además, para acceder a él, nos obliga a cruzar un bello paraje de laurisilva, donde las hadas, como los rayos del sol, aparecen y se ocultan entre las ramas.

El árbol Garoé, símbolo de los aborígenes herreños y cuna de leyendas protagonizadas por conquistadores y princesas bimbaches de preciosos nombres, también oculto por la neblina, pone el punto mágico y místico a la visita.




Desde lo alto, el Pozo de las Calcosas y su aldea despoblada se mimetizan a la perfección con la roca betún. Desde dentro, un intrigante escenario de película de terror abierto al salvaje océano cobra vida relativa. La nube que teníamos encima seguía tiñendo de gris el arcoíris de colores que debería haber desprendido el Charco Manso a nuestra llegada. Por ello, exploramos la zona del arco a su derecha, repleta de charquitos más pequeños y cuevas.





La Caleta y Tamaduste, con su precioso y relajado entrante de mar, calmaron los nervios previos a mi primera inmersión de buceo o bautismo. En el Puerto de la Estaca, al refugio del oleaje, bajé, junto con mi instructor Miguel, hasta los ocho metros de iniciación, hasta el comienzo de ese mundo en paz en tonos grisáceos, verdes y azules donde el tiempo se ralentiza y lo único que se escucha es nuestra respiración.


Por último en esta zona, Las Playas ofrecen las mejores vistas de los precipicios, riscos y barrancos multidimensionales. En los pocos metros cuadrados que componen el grandioso arco del Roque Bonanza me sentí, por minutos, como un náufrago en mi propio islote paradisíaco.



En la tercera, al norte y oeste de la isla, Punta Grande y su famoso y diminuto hotel precede, de este a oeste, a La Maceta, al Charco Azul, al Pozo de la Salud, al Malpaís, a la Playa del Verodal, al Monumento del Meridiano Cero, al Faro de Orchilla, al Santuario de Nuestra Señora de los Reyes, al Sabinar y al Mirador del Julán, en un recorrido por muchas de las grandes estrellas de la isla, como en un Paseo de la fama herreño.

El emplazamiento del Charco Azul y sus dos piscinas naturales, más propias del edén, la soledad más absoluta, única y reconfortante en la Playa del Verodal, la conversación con una generosa local devota  de la Virgen de los Reyes en su idílico santuario a pies del sabinar y su icónica y retorcida sabina y el horizonte azul desde el Mirador del Julán marcaban mi retina a fuego con un hierro incandescente.








Ya de vuelta a Tenerife, con base en el Puerto de la Cruz esta vez, sólo haré referencia a la búsqueda fallida de tortugas en la Playa del Puertito de Armeñime y al gran descubrimiento de la cala hippie de Diego Hernández, ambas en el sur, y a una ruta que perseguía hacer hace tiempo, la ida a pie de Igueste de San Andrés a la Playa de Antequera y la vuelta por barco. Sin senda marcada comenzábamos la aventura, aun inconscientes de lo que se avecinaba. Un errático giro y la sucesión de prometedores puntos blancos pintados en la roca durante un largo rato nos adentraron en plena cordillera de Anaga, en vez de ponernos rumbo a la Playa de Zápata descendiendo su barranco, parada previa obligada. Al mantener casi en todo momento en el horizonte la punta que embellece la Playa de Antequera, no nos importaba subir, pero la situación se tornó complicada hasta extremos que no imaginábamos, que sólo nosotros conoceremos y cuyos detalles me resultaría imposible describir aquí. Cual cabras, entramos en modo supervivencia y nos arrastramos por veredas, agarrándonos a piedras, riscos y lechosas pencas por igual durante horas, siete horas para ser exacto. Ya en el propio barranco de Antequera, tras superar dos profundas pozas lisas de aguas verde fosforito que parecían marcar el fin de una historia de alternativa más que indeterminada, llegábamos a la playa, exhaustos, sedientos y arañados, pero con esa dulce sensación de habernos superado hasta límites que desconocíamos. Sólo quedaba de la grandiosa Playa de Antequera, de la generosidad venezolana y de un refrescante viaje de vuelta a Las Teresitas en water-taxi.










Hasta aquí puedo contar de una nueva aventura canaria que ha vuelto a dejar marca. Este verano buscaba reciclarme, mostrar algo más dinámico más allá del estudiado texto y las estáticas fotografías. Con un nuevo destino llega mi canal youtube y un primer vídeo resumen. Pinchad aquí para verlo.

¡Hasta la próxima viajeros!


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