19/9/16

Cantabria, senderismo infinito



En un largo y aprovechado fin de semana marcado por el surf, una GoPro perdida en el Mar Cantábrico de Somo en el día de su verdadero estreno, la tranquilidad, las conversaciones entre buenos amigos y el senderismo, dos buenas rutas en los alrededores de la señorial Santander en días alternos bien merecen una entrada en el blog.


La primera, circular, con inicio y fin en el extremo norte de la Playa del Sardinero, dentro de la capital cántabra, combina lo salvaje y afilado de su comienzo con la sencillez de su tramo medio y un final a través de las diminutas parcelas verdes y amarillentas y del centro de la localidad de Cueto. Un recorrido por un litoral de ensueño, rocoso y vivo, donde acantilados, puntas, roques, islotes, como el de Ansión, cabos, como el Menor, playa, como la de Los Molinucos, y ensenadas, como la de Mataleñas y Bañaperros, aparecen y desaparecen con cada giro en el camino. Esta última bahía marcaba el comienzo del retorno a través de los prados próximos a la ciudad.


La segunda, circular también, en Santoña, a cincuenta kilómetros de Santander, rodea el Monte Buciero, que abraza la localidad. Saliendo del Fuerte San Martín, inconfundible en un extremo del paseo marítimo, siempre cercanos al precipicio, los acantilados y el entorno boscoso se suceden entre faros. El del Caballo, el más renombrado, supone un reto para las piernas, con un estrecho y vertiginoso descenso de setecientos escalones. Ya abajo, en la punta, el espíritu aventurero obliga a probar las frías aguas turquesas y explorar los majestuosos recovecos en la roca si el tiempo y el oleaje lo permiten. El del Pescador, más accesible, marca el cambio de ritmo. El asfalto confunde a pies y rodillas y tanto la Playa de Berria como el penal del Dueso aparecen grandiosos a tiro de piedra. Cruzando la localidad de Dueso y la totalidad de Santoña llegamos al punto de origen. 





Renqueante y libre, me despido viajeros.


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