20/11/15

En otoño, al norte


Por contradecir el dicho, escaparse al norte es aconsejable para no perder el sur, incluso para valorar más el primero y desmitificar el segundo. Y por norte me refiero a España y Europa. Esas latitudes donde el sol es más caro y los atardeceres, por ende, más apreciados, donde el astro rey, en vez de agobiar, refresca, y el frío mar, infinito, relaja sin necesidad de sumergirte en él.

Un otoño marcado por mi primera vez por las calles de Copenhague, mi vuelta a los atardeceres de Oslo, la verde Navarra, el eterno San Sebastián, La Rioja y su interminable paleta de colores, Santander y la Cantabria prehistórica de hace 40.000 años y el contraste de Bilbao. Cada destino, esplendoroso bajo ese sol que, en próximos días, desaparecerá sin previo aviso y de forma indefinida.


Un otoño de paseos por Madrid y donde he visto al cielo teñirse despacio del color de las hojas de los árboles.

Un otoño que continuará con una nueva visita a Cannes y una muy esperada escapada a París, una semana después de los más trágicos atentados de la historia de Francia. Mis pensamientos están con ellos y con todos los civiles inocentes que sufren la barbarie del terrorismo en cualquier parte del mundo. Esta entrada es mi particular homenaje a todos ellos.

Un otoño con Hans Christian Andersen en el Canal de Nyvham y con su famosa sirenita.



Un otoño con los cielos incendiados de Noruega.


Un otoño en el Santuario de San Miguel de Aralar, sobre las nubes de Navarra, y recogiendo moras en Iribas.



Un otoño desde las arenas de Zurriola y la barandilla de La Concha.







Un otoño en el día a día de los donostiarras.






Un otoño de modernidad y parcelas verdosas y ocres en La Rioja.



Un otoño que ha volado.


Un otoño clásico en El Sardinero y en la Península de La Magdalena, entre los golpes secos de las palas cántabras.




Un otoño sosegado y alternativo en Somo.



Un otoño entre pinturas rupestres del Paleolítico en las cuevas de El Castillo y Las Monedas.


Un otoño de pies mojados.


Un otoño de fotografías de ensueño en Comillas, en el Arroyo del Capitán y en San Vicente de la Barquera.




Un otoño fresco y moderno en Bilbao, inspirador, de formas imposibles y contrastes inverosímiles.







Un otoño sin fin.

Hasta la próxima viajeros,


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