23/11/14

Israel, un giro del destino


Como una lluvia de Perseidas, mis dos primeros pasos por Tierra Santa han sido fugaces, limitados a vistas lejanas del mar mediterráneo desde las terrazas de los modernos hoteles del centro de Tel Aviv, largas horas de reuniones de trabajo en oficinas e infinitos paseos por centros comerciales y repetidas degustaciones de los más variados manjares acompañados de caldos locales.

Sin embargo, de pequeñas pinceladas azules empezamos a formar nuestras opiniones. Observando, escuchando y moviendo la cabeza de lado a lado conseguimos estrellarnos siempre con nuestros inconscientes prejuicios, creados en mayor medida por los medios y los juicios de valor ajenos. Si bien es cierto que mi voluntaria ignorancia histórico-político-religiosa me ha ayudado a afrontar este comienzo de aventura con los ojos y los brazos abiertos, sin miedo a preguntar.

Varias cosas están claras acerca de esta influyente nación. Pocos pueblos poseen la importancia histórica de Israel, tierra de peregrinación, o su diversidad religiosa, y pocas democracias, por no decir ninguna, son vecinas y protagonistas del conflicto más puro, eterno para muchos.

De carácter disciplinado, autoritario, casi militar, confiado, defensivo, orgulloso y familiar. Así es Israel y sus mediterráneas gentes. De temperatura suave y aroma fresco y ácido del desierto. Así son los días y los amaneceres en esta árida tierra. Del mismo tono cromático y creencias opuestas. Así son sus poblaciones.

Desde el inigualable complejo comercial de la Calle Mamilla, emocionado por esos repentinos cambios de rumbo personales y laborales que nos dirigen a lo inesperado y maravilloso, a escasos minutos del lugar más sagrado del mundo para el judaísmo, cierro, con un punto y seguido y hasta dentro de unas semanas, este gran episodio que el destino me ha ofrecido. Todá.




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