29/11/12

Key West, promiscuidad, contraste y vida por los cuatro costados


Por fin se materializa uno de esos viajes en mente sobre los que escribía meses atrás. Key West o Cayo Hueso, el último de los cayos conectados a la península de la Florida a través de la Overseas Highway, una espectacular obra de ingeniería en forma de autopista de 200 kilómetros de longitud, construida en su mayor parte sobre el mar.


Miami-Key West

Viernes tarde, descapotable en mano, comienza la aventura. Por delante, supuestamente, un fin de semana tranquilo, de playa, snorkel y paseos por el pintoresco cayo. Incluso la ida, ya de noche cerrada, nos mantuvo ciegos, incapaces de apreciar la belleza del recorrido. Seguíamos en la burbuja, sin saber lo que nos esperaba, expectantes. Sólo una parada durante el camino en el famoso Porky´s, típico bar costeño americano, nos abrió el estómago y nos mostró, lo que la gastronomía fresca local podía ofrecer.

Noche del viernes, tocaba, de forma inesperada, impacto visual. El Jardín del Edén, único bar nudista (siempre opcional…yo iba bien tapado), en el que por fortuna, o no, he entrado en mi vida; y Bar Coyote, donde chicas, no tan apuestas como las de la famosa película de Hollywood, bailan y juegan sobre la barra mientras calientan e insultan de forma provocativa a algunos de los clientes, la mayoría hombres, colocados a centímetros de la barra, mientras el resto, observa, comenta y alucina con los límites del comportamiento humano cuando alcohol, sexualidad y ambiente se entrelazan en perfecta armonía. Vale, suficiente para una noche de viernes.

Sábado, día perfecto. Key West, un pueblo de arquitectura única, con edificaciones victorianas de madera construidas al detalle. Un buen brunch a base de huevos benedictinos en perfecta compañía, la visita obligada a puntos de interés como la casa de Hemingway, donde el ilustre escritor vivió y se inspiró durante más de 10 años, el mercado de las esponjas naturales y las conchas, o el punto más al sur de los Estados Unidos, un pequeño obelisco multicolor que marca las 90 millas que separan a este punto de Cuba, y el acierto del fin de semana a bordo del Danger, un velero donde realizamos snorkel en aguas del protegido Key West National Wildlife Refuge, avistamos aves en kayak a través los manglares y disfrutamos del sunset más espectacular. No me puedo olvidar del placer de observar los intentos de despegue desde mi kayak, delante de mis narices, de cierta ave, cuya especie desconozco, desde lo alto de los manglares hacia el horizonte, chapoteando, corriendo sobre el agua, de forma desesperada, con el atardecer de fondo. Momentos de esos que me dejan sin respiración. Y por supuesto, con el objetivo de no olvidar nada de esta gran escapada, un brindis por esos encuentros fortuitos, inesperAdos.






Domingo, había que disfrutar de esa carretera de día descapotados, de conducir sobre el mar, de disfrutar de las preciosas playas que Cayo Hueso no tiene, pero que se pueden encontrar en Marathon, como Sombrero Beach, y de disfrutar del mejor sándwich de pescado jamás preparado gracias a las recomendaciones de los usuarios de Trip Advisor, en el restaurante Lorelei, un oasis de paz con terraza, música en directo y los mejores atardeceres.



Si, ya, lo se, este año y el que viene, parece que va de atardeceres. This is Florida.

Gracias, como siempre, a los que habéis formado parte de este viaje, uno más, y a los que viajáis leyendo mis relatos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario