6/7/11

República Dominicana, una forma opuesta de ver la vida


Este estupendo viaje en Febrero de 2009 supuso para mi un verdadero descubrimiento. El hecho de que, desde Londres, viajar "a precio de ganga" y sin escalas es posible. Algo impensable desde nuestra querida España, salvo que tu destino sea el Mediterráneo.

Este pais, donde la música y el color es una forma de vida, en pleno desarrollo y de pobreza muy relativa, limita al oeste con Haiti, républica extremadamente pobre y desfavorecida. Es común ver a Haitianos, de apariencia de piel mucho más oscura, mendigando de forma ilegal en las cunetas de los caminos y carreteras dominicanas, inmigrantes dentro de una misma isla dividida. Una verdadera tragedia social.

Un error común del turista en estos destinos es limitarse a disfrutar de los magníficos hoteles y de los excepcionales servicios que proporcionan. Lo que realmente merece la pena es conocer a esos empleados fuera de su lugar de trabajo, conocer su expléndida calidad humana y visión de la vida. Comunidades que han aprendido a convivir felizmente con pocos recursos, dónde no es extraño ver a un local con una lavadora atada a la parte de atrás de su moto, ya que en muchas ocasiones se comparte entre varias familias.

Sentarse a conversar con un local que vive de lo que algún turista con ganas de compartir experiencias y hablar le da, a voluntad, por un coco que ellos mismos abren delante tuyo, actividad altamente peligrosa. Esa es la verdadera esencia de un viaje.

Disfrutar de Higüey, ciudad dormitorio de muchos de los empleados de los hoteles al norte y este de la isla, de su original catedral, del caos, de la ausencia de capitalismo, de los puestos locales y de la alegría de los niños, muchos descalzos, correteando por las calles.

Ir a la turística y paradisíaca isla de Saona, mantenida casi virgen a pesar del alto flujo de gente que recibe, verte los pies de forma nítida a través del agua cristalina, palpar, siempre con cuidado y respeto, estrellas de mar y mezclarte con los locales.


Probar las frutas más exóticas y comprar productos típicos de allí, siempre que cuentes con avanzadas habilidades negociadoras y sepas eliminar el elemento sentimental del proceso de compra. Coloridos cuadros, cigarros, ron y artesanía muy diversa.

Única.

República dominicana, un país de leyenda y de falsas leyendas, dónde mezclarse con la cultura se agradece de forma recíproca y dónde volver no supone un esfuerzo.

Hasta pronto,

Daniel Yuste

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