16/7/11

Perdido en Maldivas


Junio 2010, y sin intención de resultar repetitivo, nueva "last minute" ganga a la República de las Maldivas gracias a First Choice Holidays, que junto con Thomas Cook, Thomson y British Airways, fueron mis principales proveedores de ocio viajero desde Londres, y a los que agradezco, aunque suene raro, que me ofreciesen la posibilidad de conocer numerosos países a bajo coste, que de otra forma no hubiese sido posible.

Marketing no remunerado aparte, es difícil decir que no cuando se presenta una oportunidad factible de conocer un paraíso remoto, ver in situ lo que se vive en los sueños.

Maldivas es otro mundo más que una república perteneciente a éste, algo increíble desde la ventanilla del avión y magnífico una vez en tierra.


A diferencia de, por ejemplo, República Dominicana, dónde ya sólo el aeropuerto invita al optimismo y da una ligera idea de lo que aguarda al otro lado del control de pasaporte, el aeropuerto de Male, en Maldivas, es gris y tristón, sin nada que denote la maravilla que te espera en tu hotel o que te recuerde lo afortunado que eres por estar allí. Male, la capital, la más pequeña del planeta, es lo opuesto al resto de sus islas, un peñon de piedra diminuto, sin ni siquiera un grano de arena de playa, centro logístico de vital importancia, a donde cientos de inmensos buques de distribución llegan y desde donde miles de pequeñas embarcaciones y medianos barcos parten a las diferentes islas.

Cientos de operadores y representantes de hotel aguardan a la salida. Otra gente se dirige a reservar la avioneta-taxi, concepto casi exclusivo de este lugar del mundo, que le lleve a su paradisiáco hotel.

Tras casi una hora y media de lancha rápida por el Océano Índico atracamos en Fihalohi Island Resort, en la isla de Fihalhohi, en el primer atolón al sur de Male. Quiero dejar claro el tiempo que se invirtió en llegar para que os hagáis una idea de la magnitud en cuanto a tamaño de las Maldivas. Esta república se extiende a lo largo de casi 1.000 kilómetros y está compuesto por más de 1.100 islas, muchas de ellas deshabitadas por su pequeño tamaño y aislamiento, en una superficie de 90.000 kilómetros cuadrados aproximadamente, sólo cinco veces menos que el área de España. Con ésto quiero decir que el miedo generalizado y la leyenda urbana de que este conjunto de islas desaparecerá en un futuro próximo es totalmente incierto. Seguramente muchas si quedarán sumergidas, pero hay Maldivas para rato. Preparar vuestro viaje sin prisas.

Tras bajarme de la balsa y tras mi primer contacto con el pequeño islote, me sentí como un protagonista de la serie Lost pero con comida y ropa limpia y sin accidente de avión, milagros bíblicos, osos polares o apocalipticas explosiones electromagnéticas. El único punto en común es que llegábamos por primera vez a una isla casi desierta, dónde las pocas instalaciones que había se encontraban perfectamente camufladas y mimetizadas con la naturaleza salvaje. Un pequeño terreno de arena, palmeras y cabañas que es un mundo en sí mismo, donde empleados, indígenas y naturales de Sri Lanka (India) en partes iguales, y colaboradores, no están de vacaciones, sino que viven y conviven.



Todo me impactó de esta cultura y convirtió mi estancia en una experiencia deliciosa. Ver ganar a Rafa Nadal Wimbledon y a la Roja pasar octavos y cuartos de nuestro mundial, ver profesores de buceo occidentales, la gente extremadamente introvertida pero agradibilísima, cordial y educada, la espectacular comida a base de pescados, mariscos y carnes especiadas al estilo indio, los caros souvenirs artesanales, los frescos cócteles de fruta sobrenatural, los inmensos lagartos en libertad, el clima excesivamente tropical, la humedad, la agresividad del sol que me produjo el peor de los quemazones en toda mi vida, la belleza sobrecogedora de los paisajes de postal, las palmeras tumbadas, las cabañas sobre el agua transparente, los paseos de quince minutos para rodear la totalidad de la isla y la fauna marina, a la que dedicaré el siguiente párrafo.



Pero si algo me llevé de Maldivas fue la imagen grabada en mi mente de la diversidad infinita de flora y fauna marina a menos de tres metros de la superficie. Islas rodeadas de arrecifes de coral de belleza extrema. Practicar snorkel a centímetros de miles de peces de colores fluorescentes y tamaños muy variados, con estampados increíbles y brillos nítidos, algunos realmente intimidantes, no por su tamaño sino por su mirada y aspecto, tiburones, pulpos, morenas, enormes rayas,etc. Eso realmente no tiene precio y merece ser disfrutado te guste el buceo o no. Una experiencia digna de vivirla al máximo con la ilusión de un niño.


Por suerte, este blog, las fotografías y el álbum que compré, que aún mantiene el olor a tierra remota, me  ayudarán a recordar que yo estuve allí.

Maldivas, un auténtico paraíso fuera y dentro del agua.

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