28/7/11

Macao, Hong Kong y mi incurable fiebre amarilla...


No existe mejor momento del año para conocer un lugar que los últimos días de un año y los comienzos del siguiente. Lo característico de las culturas se multiplica y se magnifica, lo cual, sumado a la felicidad de la gente, hace mucho más fácil el disfrutar de un viaje.

Diciembre 2010. Siempre me gusta abandonar España en Navidad cuando el tiempo y el dinero lo permite. Ya por Noviembre los planes se perdían en el limbo y todo presagiaba unas fiestas más en familia en Madrid. Navegando en mi casa descubrí billetes a muy buen precio con Air China a Hong Kong y Macao, por lo que me apresuré a contactar con mis dos hermanos londinenses, consciente de que por aquella época se encontrarían residiendo en Hong Kong y de vacaciones en Macao respectivamente. Dada la época del año, mis esperanzas de ser adoptado en casa ajena durante diez días no eran muy altas. Pero todo lo inesperado sucedió. Gracias a mi impulsividad y sobre todo a la tremenda hospitalidad de mis dos grandes amigos, en cuestión de horas me vi con tickets de ida y vuelta a Macao. De nuevo, el fin de año sería inolvidable.


Saliendo de Madrid el día de Navidad y tras una infinita escala de siete horas en el aeropuerto de Pekín, llegué a Macao el día 26 por la mañana. En oposición a lo que yo creía, me esperaban más días de celebración navideña en familia, reuniones llenas de risas y felicidad, infinidad de postres Portugueses y una generosidad y acogida fuera de lo común.

Macao, una ciudad fabricada de la nada. Una industria de casinos que ya superó a Las Vegas hace muchos años. Tierra echada al mar dónde se han erigido copias exactas de los edifcios de la capital del juego Norteamericana. Proyectos faraónicos en construcción a pesar de la previsión de hundimiento gradual de las islas artificiales donde se asientan. Un negocio rentabilísimo por la actual prohibición del juego en la China Comunista. Una  económicamente muy especial excolinia Portuguesa que pasó a manos Chinas hace doce años y que mantiene su encanto colonial en cientos de plazas, calzadas, monumentos y edificios, que conserva los nombres portugueses de multitud de sus calles y dónde una mayoritaria comunidad China vive en consonancia con una minoría Portuguesa. Una gastronomía cantonesa principalmente con residuos portugueses en alguno de los pocos restaurantes lusos que aún quedan. Una urbe de contraste brutal entre su núcleo residencial, su zona original de casinos y las áreas de nueva creación, en pleno crecimiento y con perspectiva de seguir ganándole terreno al mar. Un "skyline" dominado por el espectacular Hotel Grand Lisboa.


Hotel Grand Lisboa
Vistas nocturnas






Con un pequeño paréntesis de tres días en Hong Kong, del que hablaré en los siguientes párrafos, Macao me ofreció la mejor de sus sonrisas y de su clima, lo que me permitió visitar, de forma plena y en su máximo esplendor, lo más significativo de la ciudad, disfrutar de los alrededores de las ruinas de la catedral de San Pablo, de la que sólo queda su fachada, y de su calzada principal Largo do Senado exquisitamente adornada por Navidad, quedarme prendado de templos como A-ma o Kum Lam y jardines como el Lou Lim Loc, entrar en trance presenciando en directo una sesión mañanera de Tai chi en los jardines de Luis de Camoes, iniciarme en su vida nocturna, degustar unas empanadillas fritas hechas en plena calle de las que no recuerdo el nombre y de un estupendo y aislado chiringuito de playa en Coloane, divertirme como un niño en Nochevieja con infinidad de gente nueva o cruzar la frontera a China para pasar un intenso día de impacto sociocultural, compras en el mayor de los laberintos comerciales que el cerebro humano puede imaginar y masajes en Zhuhai. Recuerdos imborrables.


Largo do Senado
Iglesia de Santo Domingo















Ruinas Catedral de San Pablo

Largo do Senado
Lou Lim Loc

Taichi

Plaza Colonial
Templo Kum lam




Templo A-ma
Templo Kum Lam














Templo Kum Lam


La escapada a Hong Kong en los últimos días de 2010 fue memorable. La ciudad verde sin puentes es fácilmente accesible desde Macao por ferry en aproximadamente una hora. Las vistas de Kowloon a la llegada son espeluznantes. Rascacielos concentrados a pie de montañas. El primer gran impacto visual se produjo a la salida de la estación de metro Central, en Chater Garden, donde hay una vista abierta y espectacular de uno de los edificios más emblemáticos de Hong Kong y referencia de la arquitectura mundial, la torre del Banco de China. Saliendo a la calle principal sientes que esta ciudad es el concepto occidental de futuro. Carreteras en multitud de direcciones en diferentes alturas componen un escenario más parecido a una película de Batman en Gotham City que a la realidad a la que estamos acostumbrados. La primera parada sería el mirador de Victoria Peak en su momento más impresionante, de noche. Una de esas vistas que quedarán clavadas en mi memoria para la eternidad. Algo indescriptible. Edificios apiñados y sobreiluminados hasta la bahía, tan cerca pero tan lejos. Un lugar que quita el hipo y que sitúa a las residencias colindantes a la zona de este mirador entre las más caras del mundo.


Mirador Pico Victoria


Banco de China


Ese día no podía completarse sin una cata de comida típica y un ligero contacto con la noche Hongkonesa. Lan Kwai Fong  fue la zona elegida, muy cerca de la estación central, un área de ocio plenamente nocturno con una concentración desmesurada de expatriados e inmigrantes, mayoritariamente ingleses y australianos. Calles estrechas muy al estilo "Tokyo", con inmensos carteles de neón fosforescente que parecen estar suspendidos del cielo. El genuino Yung Kee fue inicialmente el restaurante elegido para cenar, pero debido a que habían agotado existencias de su especialidad y supuesta delicatessen, ganso asado (roasted goose), cruzamos la acera al inquietante Wong Chi Kei Noodles and Congees, un auténtico establecimiento de comida china. Genial.

La casa de mi amigo, dónde nos alojaríamos esos días, se encontraba alejada del centro, pero me sorprendió ya que se trataba de un área residencial más parecida al "Orange County" Californiano que a un barrio de una ciudad vertical.

El segundo día disfrutaría de una experiencia mística en plena naturaleza en Lantau Island, una enorme isla al oeste de Hong Kong, residencia del Gran Buda, la estatua más grande del mundo dedicada a este iluminado ser. El inicio del teleférico que conecta la zona de Tung Chung con la zona del Buda comienza con unas espectaculares vistas de los altos edificios de pisos y el aeropuerto internacional de Hong Kong, pero a medida que la altura disipa la visión y se cruza la primera colina, infinitos paisajes coloreados de verde y azul copan la vista hasta que se comienza a visualizar el gran monumento de bronce en el horizonte.


Teleférico Ngong Ping 360
Gran Buda



Monasterio Po Lin










Gran Buda



Aquella tarde, tras visitar el templo de Wong Tai Sin, un remanso de paz entre rascacielos de viviendas, callejear por el comercial barrio de Mong Kok, disfrutar de un banquete de sabrosísima y variada comida Pekinesa en el barrio de Tsim Sha Tsui, saborear un tremendo cóctel en el bar-mirador Felix, en la última planta del extremadamente lujoso Hotel Península y quedarme anonadado con el espectáculo de luces y música "Symphony of lights" desde la Avenida de las Estrellas, en el cual, de forma increíble, los altos edificios de la otra orilla bailan al son de la música y contonean sus formas vestidos con trajes de luces intermitentes, acabamos en Wan Chai, el famoso barrio rojo de Hong Kong, donde bares y discotecas colindan con calles dónde chicas con la mayoría de edad recién estrenada y atuendo colegial, o provocativo en cualquiera de los casos, seducen a los transeúntes y les invitan a entrar a sus "locales de copas", que no burdeles. Esta imagen tan original se debe a que, en Hong Kong, la prostitución es legal pero no los prostíbulos, lo que le da a este tipo de zonas ese aspecto decadente lleno de tentación, dónde la cara de muchos occidentales residentes allí denota que ya han caído en las garras de la ciudad. Impresionante barrio, digno de ver y más que divertido.

Wong Tai Sin
Mong Kok



Symphony of Lights

El último día en Hong Kong supuso un paréntesis natural ajeno al ritmo de la gran ciudad. Un pequeño barco nos trasladaría a un pequeño pueblo pesquero dentro de la isla de Lamma. Tras pasar una relajada y necesaria mañana entre puestos, estrechos caminos y templos de reducido tamaño regresaríamos a la capital para acabar el día en la bahía de Stanley, la parte más al sur de la gran isla. La gran mayoría de la superficie de Hong Kong es paraíso verde, y este más relajado y rural reducto al sur da fe de ello. Tras cruzar cordilleras y serpenteantes carreteras en autobús, llegamos a la pequeña estación de autobuses, desde donde se podía divisar la entrada al famoso "Stanley Market", un laberinto de galerías comerciales dónde realizar compras o buscar gangas de última hora, y el cual dió paso a la bahía, cuyo protagonista es un pequeño pero estratégicamente situado paseo marítimo, dónde el atardecer entre barcas y luces, presidido por la casa de Murray, un precioso edificio colonial que hace años se trasladó pieza a pieza desde el distrito central, marcó la estampa perfecta para finiquitar la intensa escapada y realizar una fotografía de esas dónde el tímido sol se esconde sonrojado en el horizonte.
Stanley Market


Lamma Island


Bahía de Stanley


Hong Kong, un ciudad para vivir, un espacio que ofrece, en relativamente pocos kilómetros a la redonda, bullicio, diversión (incluyo Macao en esta sección), parajes de belleza envidiable, paz, playas, estabilidad, multiculturalidad, gastronomía, modernismo, cultura tradicional y tecnología.

Para acabar y como podéis haber leído, en ningún momento he hecho referencia a un viaje a China. Esta increíble experiencia supuso un viaje a la China "menos China", a la abiertamente capitalista. Obviamente los locales son una gran mayoría, lo que implica mismas creencias y costumbres, pero China es muchísimo más que aún me queda por descubrir y exploraré más adelante.

No puedo finalizar esta entrada sin dar de nuevo las gracias a mis dos hermanos JB & WC. I miss you guys.

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