6/7/11

Londres, la ciudad que me cambió la vida


Quizás llegue mi entrada más emotiva y sin duda la más larga. No encontraréis palabra premeditada. Cada frase sale del corazón, el mismo sitio donde tengo a Londres.

En la vida de todo ser humano hay decisiones más y menos importantes. Hay algunas que cambian el curso de un día, otras que alteran el curso de un acontecimiento, otras muy banales que no cambian nada, pero luego están esas que se toman desde cero, con el corazón en la mano y que modifican el cauce de tu vida.

Recuerdo estar con dos grandes amigas, C y L, en las escaleras del edificio central de mi universidad en Madrid una semana antes de que finalizase el plazo para presentar la solicitud del Erasmus cuando, haciendo repaso de los anteriores tres años de universidad, nos planteamos en voz alta si debíamos irnos al extranjero. Nos apresuramos a inscribirnos y nos asignaron plaza en la universidad de Glasgow, Escocia. Yo estaba contento. Solo quería irme. Sabía que la experiencia sería inolvidable independientemente del destino.

Días después, pocos días o incluso horas antes de cerrar los destinos, recibimos una llamada del coordinador académico informando de la apertura a ultima hora de vacantes en la universidad de Hertfordshire, Hatfield, un pueblo a 30 km de la capital inglesa. El destino brindó esa opción y la decisión fue sencilla. Mi Erasmus sería en Londres.

Londres, la ciudad para seis meses, un año, tres años o toda una vida. La ciudad que mejor conozco y dónde me sitúo casi mejor que Google Maps. La ciudad dónde he vivido en cuatro sitios distintos. La ciudad de la que me enamoré, en la que estuve enamorado y de la que me desenamoré más adelante. La ciudad dónde puedes ir como quieras sin que nadie te observe. La ciudad que me enseñó a vivir y a sacarme las castañas del fuego. La ciudad que extraño cada día de mi vida.

Comienzo por mi Erasmus universitario. Año 2006-2007. Sería imposible reproducir de forma escrita cada vivencia o incluso un resumen de las emociones pasadas. Sólo me limito a recordar, de forma casi aleatoria y sin orden establecido, flashes, momentos que resumen mi experiencia y cuya unión, con o sin criterio, dan como resultado uno de los mejores años de mi vida, por no decir el mejor. Empiezo por Kings Cross, mi primer contacto con la ciudad y Holloway Road, mi gran primer barrio, mi "council flat", la primera limpieza a fondo de la cocina, el "chill out", el vecino loco, el fatídico e intimidante bus 29, Seven Sisters, el Internet Café de al lado de casa y el contiguo Halal Crystal Restaurant, primer culpable y máximo responsable de mi pasión por la comida turca, el Rocket de Euston, my bros, Russell Square, el Mestizo de Warren Street, la casa del wey, los Jueves de bebida y tacos, las copas a una libra de los Lunes en el Walkabout de Leicester Square, el Zoo club, mis niñas, el nene y toda la estupendísima gente de su academia, amigos ahora, la fiesta de navidad de su escuela, la guitarrilla de juguete, la carretilla, el "I don´t fucking mind what you fucking do during the fucking night at your fucking house", mi ensalada caesar, el Ave María, los viajes, la calefacción estropeada en invierno, el fontanero psicópata, las broncas y las alegrías de la convivencia, la boat party, la limusina blanca Hummer, la horrible vuelta del viaje a Manchester, el golazo de Iniesta en Old Trafford, el sports café, oxford street, la moderna universidad de Hertfordshire, el Pepes, el Gardening Club, la Ministry of Sound, los perritos calientes after-party, etc, etc, etc. Flashes, imágenes y recuerdos que consiguen sacarme la más nostálgica y sincera de las sonrisas.

Tras finalizar mi carrera en Madrid decidí volver a la ciudad que tanto me había dado, por lo que a través de un Programa de Jóvenes Emprendedores de la Cámara de Comercio Española en Gran Bretaña conseguí volver a Londres con unas buenas prácticas profesionales. Antes de seguir quería recordar Baker Street, el famoso barrio de Sherlock Holmes, y al grupo de emprendedores de esta etapa, con los que pasé muy buenos ratos y alegrías. Ésta fue una etapa más tranquila y madura, caracterizada por los largos viajes, las mudanzas, el trabajo y la vida en pareja , aunque no faltó la diversión tampoco. Mi primer barrio de esta etapa fue Notting Hill, un increíble lugar para disfrutar al 100% de la vida londinense. Cruzarme todas las mañanas con Elle Macpherson me hacía ver que alomejor esa zona se encontraba por encima de mis posibilidades. Convivía en un estudio cuchitril de no más de 15 metros cuadrados que no era barato ni mucho menos pero los días pasaban en paz, me daba tranquilidad, era feliz. Recuerdo el recorrido del bus 27 en ambos sentidos, la cosmopolita calle Westbourne Grove, llena de tiendas y salas de exposición de reputados artistas, el diverso barrio de Bayswater, Queensway, Whiteleys, el mercadillo de Portobello, etc.



Tras seis meses viviendo en el barrio de la mundialmente famosa película protagonizada por Hugh Grant y Julia Roberts, y dado el pequeño tamaño del piso, me trasladé a Kensington Olympia, la parte menos "posh" del barrio de Kensington, entre Sheperd´s Bush y High Street Kensington. Mis vivencias en este espectacular ático con cocina americana hubiesen sido inmejorables si no hubiera sido por el tráfico de Holland Road, el asfixiante calor que emanaba del "Dry Cleaners" (lavandería) del local de abajo, propiedad de los dueños de todo el edificio, y la consecuente plaga de cucarachas gigantes con la que estuve luchando durante seis largos meses, razones suficientes por las que repetiría mudanza un semestre después de entrar a vivir allí. Aún así, me quedo con todo lo bueno de este periodo. El inmenso Westfield, la preciosa y arbolada Holland Park Avenue, Hammersmith, un barrio lleno de vida, los largos paseos a lo largo y ancho de la comercial High Street Kensington y de Kensington Church Street, repleta de anticuarios, mi bicicleta, Whole Foods y el Piano Bar, una pena no haberlo descubierto antes. Recuerdo la mayor parte de este periodo muy tranquilo, de mucho viaje y de tránsito entre casas y trabajos.


Acabaron las prácticas y llegó Flashbay, a mediados de 2009, en lo que sería mi última empresa y etapa en Londres. Recuerdo todos los meses siguientes, hasta mi vuelta a España, como los mejores. Un empleo dónde era valorado y respetado por mis compañeros, una verdadera familia en mi lugar de trabajo, verdaderos amigos, un amplísimo apartamento en Fulham, en altura, desde dónde se podía disfrutar de preciosos atardeceres, tu, la oficina, a orillas del río Thames y a escasos treinta minutos andando de mi casa, el Waterside, Waitrose, Sainsbury´s, el Elk, Fulham Road, Putney Bridge, Clapham, el London Scottish Golf Club en Wimbledon Common, mi adicción al HMV y al Pret a Manger, la liga de fútbol con el Olé United, el mundial de la Roja entre Maldivas y Londres, las risas en la oficina, etc, en general, la escasez de momentos malos.


Y, después de todo ésto, os preguntaréis por qué abandoné la ciudad. Pues sinceramente por el tan usado tópico del clima, por problemas personales y por la monotonía del trabajo.


Londres, una especie de burbuja adictiva de la que la mayoría de los Españoles escapamos tras unos años. Una ciudad que se echa de menos, en la que haces amistades para toda la vida. 


Quería invitar a todos los que os habéis sentido aludidos por estos recuerdos, a todos los que habéis formado parte de mi vida en Londres, a que los comentéis o aportéis historias o anécdotas que haya pasado por alto. Nos ayudarán a recordar y a arrancarnos una sonrisa. 


Muchas gracias.


Te estimo,
Os estimo,


Daniel Yuste

1 comentario:

  1. Los zumos del cafe nero, los martes por el Soho, los incontables desayunos en Chinatown a las seis de la mañana despues de una buena fiesta, la tranquilidad de saber que tenías un bus cada 15min a las cuatro de la mañana, mi barrio de Bayswater, los interminables paseos por Hyde park, las copichuelas en el parque con mis amigas italianas de jack danields,Harrods,las galerías de arte de Convent garden, incontables mcdonalds en la estación de Victoria, ir paseando a Chelsea a recoger a mi novia,retratar a una mujer en King Cross, ver los partidos de Nadal en Wimblendon con coronitas bien fresquitas,hechar horas y horas en la Tate modern,Candem town y la tienda de Cyberdog.. mil anécdotas más de una ciudad que me cambió, en la que lo pasé mal y aprendí a madurar y crecer, de la que me enamoré y a la que volvería una y otra vez.

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