8/7/11

Grecia, historia, belleza y caos en partes iguales


Junio 2009, nueva irresistible oferta desde Londres para disfrutar de Creta, la más grande y árida isla de Grecia. Mi primer pensamiento fue: ¿Qué mejor que establecer base en aquella isla y explorar el triángulo Creta-Atenas-Santorini? La decisión no pudo ser más acertada.

Mi aventura comenzó Hersonissos, un pequeño pueblo cercano a Heraklion, capital de Creta. Se trataba de una población costera extremadamente cara y explotada en el sentido turístico, repleta de chiringuitos y puestos de venta a pie de playas regulares. Estupenda cocina con las hierbas especiadas y el aceite de oliva como principales exponentes, siendo mis recomendaciones el queso frito, la ensalada griega, el Tzatziki, una salsa fresca a base de pepino, ajo y yogur, y cualquier pescado fresco del día. En cuanto a la capital, Heraklion, se trata de una ciudad con un centro histórico-comercial reducido, de tamaño idóneo para visitarla en un día o incluso menos. Visita obligada al palacio de Cnosos, a ocho kilómetros del centro, el más impresionante complejo minoico o pre-helénico de la isla.

Desde el inmenso puerto de Heraklion, de gran importancia dado que es el más importante punto de entrada a la isla de Creta, grandes barcos rápidos, cruceros y ferries parten en multitud de direcciones.

El ferry a Atenas ocupó toda una noche. Sólo disponía de un día para ver la histórica capital Griega. Llegando muy pronto a Pireo, un día fue suficiente, sin prisas y obviamente sin ahondar en museos, para disfrutar de los principales monumentos, la gastronomía, la cultura y llevarse una idea general de, la que en su día fue, una de las principales y más poderosas ciudades de occidente, estandarte y escaparate de una de las grandes y más sabias civilizaciones. Espectaculares vistas, cultura impactante y caótica, a la sombra de lo que un día fue magnífico y grandioso. Jardines, mosaicos y columnas milenarias tiradas, condenadas a la dejadez y al paso del tiempo, sin aparente mantenimiento y protección. Un partenón en permanente reconstrucción, a años luz de lo que sería en su día un reluciente complejo. Sin duda y siempre bajo mi punto de vista, a diferencia de la vecina Italia o España, una cultura resignada, en estado cultural crítico, olvidada de lo que fue un día.

Antes de volver a Creta, todavía quedaba pendiente una visita de dos días a Santorini, una isla volcánica de la que sólo había oido maravillas. No defraudó. Uno de mis destinos preferidos hasta la fecha. Desde Atenas, cuatro horas en ferry rápido te dejan en el puerto de Acinios, vía principal de entrada a la isla en forma de media Luna, en la base de un acantilado, donde empleados de hoteles y pequeños empresarios hoteleros intentan llevarse al mayor número de personas a su establecimiento. Yo, previa reserva he de decir, tuve la suerte de caer en "Artemis Village", un hotel familiar, donde su dueño, Artemis, si te abres un poquito, te trata como a uno más de su familia. Cuenta con una espléndida esposa y dos hijas pequeñas (obviamente ya no serán tan pequeñas) que convirtieron la estancia en algo muy especial. El hotel tuvo el buen gesto de organizar los traslados también. Éste estaba situado cerca de Monolithos, en la base de Karterados, lindando con la playa y sólo a cuatro kilómetros al este de Fira, la capital. Recuerdo un restaurante de playa muy casero, ahí radicaba su encanto, con una excepcional cocina, frescos pescados y a metros del hotel. Una localización realmente única para disfrutar a bajo coste de un descanso merecido.

Pero Santorini no es, ni mucho menos, un lugar para permanecer en el hotel. Lo mejor que se puede hacer es alquilar un quad o moto de cuatro ruedas y disfrutar de la totalidad de la isla. Un mundo de sensaciones, un verdadero impacto para los sentidos, paraíso para los fotógrafos. Todos los pueblos, de Norte a Sur, sin excepción, merecen la pena ser visitados, destacando Fira, Oia, Imerovigli, Pyrgos y Akrotiri. Dado su carácter plenamente volcánico, el concepto de playa es inexistente en la costa oeste de la isla. La costa este si es más lisa, aunque conserva ese carácter, lo que aleja a Santorini del turismo de playa. Si recomiendo encarecidamente la playa roja, en la punta sur de la isla, una zona de arena granate, a la que sólo es posible acceder a pie, con aguas cristalinas y base de piedra negra, donde quizás por sus cualidades, el cuerpo se relaja de forma sobrenatural cuando te sumerges en sus aguas. Un spa escondido y natural.

Grecia, un país que me crea opiniones muy enfrentadas, pero, donde, con total seguridad, volveré con el objetivo de conocer la zona del Peloponeso y de mantener viva la chispa de mi amor por Santorini.

Daniel Yuste

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