19/6/11

Escocia, belleza escondida

En el mes de Julio de 2003 decidí ir a la Universidad de Stirling a realizar un curso de especialización en inglés de negocios. En un principio y antes de ir, me llamó especialmente la atención la historia de la zona y los magníficos paisajes en tonos verdes, marrones, amarillos y ocres que plasmaban las fotografías. La realidad no decepcionó, superó con creces lo imaginado y ello me hizo volver a Escocia años después.

Recuerdo al milímetro la distribución y el emplazamiento de aquel campus de asombrosa belleza y contraste, mimetizado a conciencia entre las montañas al norte y la colina al sur donde se erigió el monumento a William Wallace en el siglo XIX. Las clases se impartían en el castillo de Airthrey, construido en el siglo XVIII, lo que para mi ya suponía un privilegio. Subir a ver la Torre de Wallace también supuso para mi esa satisfacción que creo que sufre todo viajero cuando es consciente de que está siendo partícipe de un pedazo de historia.


Glasgow supuso para mi un contraste demasiado fuerte que chocaba de frente y de forma violenta con la belleza del resto del país. Una ciudad victoriana históricamente industrial que, salvo por la céntrica e imponente "George Square", no goza de demasiado atractivo bajo mi punto de vista.


Edimburgo, por el contrario, me ha parecido uno de los lugares más impactantes de los que he visitado. Una ciudad con historia liderada en uno de sus puntos más altos por un majestuoso castillo, desde el cual una calle principal desciende, dejando siglos de historia a ambos lados, llenos de anécdotas, leyendas y misterios. Sin duda, uno de los cascos antiguos más bonitos del mundo. En 2003 tuve la suerte de asistir al mundialmente famoso "Royal Edimburgh Military Tattoo", un espectáculo inolvidable seguido por millones de personas en todo el mundo y que mezcla la música de infinidad de naciones con marchas militares. Una experiencia única. Mi vuelta en 2007 me hizo enamorarme más de la ciudad y destacaría cinco puntos principales. El increíble emplazamiento del hostal "Backpackers" en el 65 de Cockburn Street, la "Scotch Whisky Experience", muy cerca del castillo e igualmente recomendable tanto para amantes del Whisky como para los que no disfrutan bebiéndolo, el espeluznante "tour" por las catacumbas y por el famosísimo cementerio de "Greyfriars Kirk", perfecto para los fans de lo misterioso y fantasmagórico y no apto para cardíacos y los dos principales puntos desde los que disfrutar de impresionantes vistas de la ciudad, Calton Hill y Holyrood Park.


Por último, también tuve la oportunidad de cumplir uno de mis sueños, hacerme una foto en el histórico puente Swilcan del campo viejo de golf de St. Andrews, punto emblemático para cualquier golfista dónde hacerse una fotografía para el recuerdo, y conocer el pueblo de St. Andrews, cuna del golf y sitio de visita obligada y de peregrinación para los amantes de este deporte. Una pequeña población costera llena de belleza y protagonismo en la historia de Escocia y Reino Unido.


Aún habiendo ido en dos ocasiones a este magnífico país, me encantaría volver para disfrutar de una buena ruta por los Highlands, ver al monstruo del Lago Ness y quedarme anonadado ante la belleza del castillo de Eilean Donan.


Escocia, un país que se merece un 10 sobre 10.


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