22/6/11

Bélgica: Chocolate, Fondues y Diamantes


Fin de año 2007, rumbo a Bélgica con doce uvas en almíbar en la maleta y poca cosa más. Primera parada, Bruselas, capital de la política Europea. Gran ciudad a nivel Europeo pero pequeña en tamaño. Centro histórico diminuto y fácil de andar con la magnífica "Grand place", la gótica "Catedral de San Miguel", la zona del "Atonium" y el escondido "Manneken Pis" (conocido bulgarmente como el "niño meón") como grandes exponentes turísticos de la ciudad.

Es además la ciudad de las fuentes de chocolate y las fresas y de las bombonerías, lo que le da un atractivo especial si se es amante del dulce.

Para mí, viajar en Fin de Año supone un sueño más hecho realidad. La cultura, la amabilidad de los locales, la belleza de las ciudades y la luminosidad de calles y edificios se multiplica como tocados por una barita mágica. Bélgica es un lugar para visitar en Navidad. Mercadillos navideños afloran y te devuelven a la verdadera burbuja del espíritu navideño que a veces se pierde con el paso de los años.

Uvas peladas sin hueso en mano, sin reloj o campanadas en la "Grand place" y con la ayuda de mi familia y de TVE a través del teléfono, celebré una nochevieja inolvidable.

El primer día de 2008 se presentaba interesante. Conocería Brujas, ese pueblo del que tanto se oye hablar por su tremendo encanto. Y es que en ocasiones, las opiniones sólo van en una dirección y Brujas sólo tiene y merece buenas críticas. Vuelta al pasado, tiendas inverosímiles, románticos restaurantes que llaman la atención por su luz tenue que contrasta con la calzada, fondues de queso que quitan el hipo, hilo musical en las calles, edificios de cuento que no desentonan, canales de película. Una ciudad de muñecos y muñecas dentro de un relato de fantasía.

Por último iría a Amberes, famosa por ser centro mundial productor y logístico de diamantes. Con un centro histórico diminuto y un romanticismo intemporal digno de ver dentro de los pocos monumentos y edificios que se conglomeran en en casco histórico, esta ciudad supone la escapada perfecta de un día, con visita obligada a un centro cortador, pulidor y montador de diamantes, con el hecho adicional de poner los dientes largos a tu acompañante femenina, en caso de llevarla.

Bélgica, una escapada perfecta para tres o cuatro días, con mi recomendación personal de ir en Navidad dada la fantástica tradición navideña que envuelve al país o en Agosto de los años pares, para disfrutar así del buen tiempo y de la mundialmente famosa, inmensa y colorida alfombra de flores de Gante que se instala en la "Grand Place".




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